Mis gatas siempre están conmigo. No importa que sea su hora de echar al flojera y dormir siempre lo harán cerca de mi. Les gusta estar conmigo y me lo demuestran.
Si me desvelo porque están enfermas, cuando se recuperan son de lo más cariñosas. Me agradecen y valoran lo que hice.
Si un día estoy de malas, no dejan de seguirme, de ronrronearme y de abrazarme. (Si, la parda literalmente me abraza).
No les importa si tengo un carácter de tal o cual forma, no me juzgan si la riego y saben que sin importar todos mis defectos yo las quiero y siempre estaré ahí para ellas.
Si cometo un error, como cuando sin querer con la silla machuqué la cola de la negra y le arranqué MUCHOS pelos, me perdonan. Yo creo que ven el sincero arrepentimiento (y consternación de haber arrancado tanto pelo) y nuestra relación sigue intacta. Lo mismo es al revéz: cuando sin querer me arañan y hasta sangro, no les guardo rencor. La relación sigue intacta.
Las tres sabemos lo maravilloso que es tener una relación así, en la que se puede contar con la otra sin el temor de "ahora que le hice".
Me quieren porque me quieren, no por la nostalgia o porque "así se supone que debe ser".
La pasamos muy bien juntas y por eso procuramos compartir tiempo juntas.
Nunca he tenido el privilegio de tener un amig@ así.








